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Nuestro Testimonio

Humberto Cortés & Grace Castro

Grace y yo nos sentimos profundamente afortunados de haber nacido para combatir la desintegración familiar (Papá, Mamá e hijos) y al estar a punto de cumplir 30 años de feliz vida matrimonial, con 3 maravillosos hijos: Sussan 28 (casada), Daniel 26(Casado)  y Jonathan 13 años, hoy podemos decir que de la mano de Dios, si se puede vivir felizmente casados.

Siendo un joven de 19 años y con pocos meses de haber recibido a Jesucristo como mi Señor y mi salvador personal, luego de comenzar mi noviazgo con Grace, Dios habló claramente a mi vida con una directriz específica: «Vive tu noviazgo en pureza y en santidad, para que mañana tengas la autoridad moral y espiritual de enseñarle a los jóvenes que se guarden para mí» Efesios 5:3. Dos años y dos meses después con la ayuda de Dios, llegamos al altar el 22 de noviembre de 1986 para abrazar el matrimonio, celebrando simultáneamente el habernos guardado sexualmente para este momento tan hermoso.

La siguiente empresa, nuestro matrimonio, desde luego representaba un reto superior, rápido comprendimos que para lograrlo, necesitábamos vivir rendidos a los pies del Maestro. Estando recién casados, Dios volvió a encomendarnos vivir nuestro matrimonio no conforme a la cultura, el sistema o modelos negativos aprendidos en nuestros hogares de crianza. En mi caso, procedía de un hogar mega disfuncional, en donde mi padre, antes de cumplir los 6 años, ya había intentado quitarme la vida en 4 ocasiones. En el vientre de mi mamá, quemando mi cuna, procurando ahogarme en una represa hidroeléctrica, logrando casi ahorcarme con mi propia chaqueta y la última vez a los 16 años con un cable de luz. ¡Nada que no pueda arreglar el perdón! Marcos 11:25, como efectivamente sucedió, ya que Dios me movió de manera inmediata a practicar el perdón, comenzando con mi padre. Lo que menos podía entender en esos años de niñez y adolescencia era que Dios me había permitido nacer justamente para combatir la desintegración familiar. Lo entendí después.

Sabía que un día le predicaría a los matrimonios y familias del mundo, lo que no sabía era ¿cuándo?. Lo que teníamos al frente por ahora era el proceso, porque Dios nos llamó primero a vivir y después a predicar en esta área vital, para que luego nuestras palabras fuesen sazonadas con sal. 20 años después Dios nos dio el visto bueno en 2005 y fue así como comenzamos con un seminario que ministramos a nivel internacional con muy buen suceso y resultados bajo el lema: Familias saludables Iglesias poderosas. Pero sabíamos que no era suficiente, llevar seminarios y conferencias en distintos lugares. Seguirían   siendo «eventos aislados» y entendíamos que la visión era: Un ministerio para la familia en cada iglesia local del mundo, en forma sistemática y en  profundidad, hasta donde nuestra influencia alcanzara. Así nació la idea de crear la estructura de LA ESCUELA PARA LA FAMILIA, ¡bendito sea Dios!.

Agradecimiento, es la palabra adecuada para expresar a Dios nuestra satisfacción por 30 años de ministerio ininterrumpidos, procurando con todo nuestro corazón, no solo estar vigentes sino también ungidos por el Espíritu Santo para que las personas no solo salgan emocionadas sino cambiadas por el poder de Dios en cada ocasión que ministramos.

Anhelamos ser efectivos  en la labor que se nos ha encomendado de traer sanidad al corazón de las familias, por esto pedimos a Dios nos permita establecer alianzas estratégicas con el mismo propósito, para alcanzar a la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible. Nuestro mayor mensaje al mundo sigue siendo nuestro estilo de vida en casa. Gloria al Señor.

Entendemos que Dios nos ha llamado a adoptar una postura en pro de matrimonios y familias saludables en crecimiento hacia la madurez y que duren para toda la vida, dotándolos de herramientas para que juntos luchen contra la sombría amenaza del divorcio y la desintegración familiar, hasta donde nuestra influencia alcance. Desmitificando el matrimonio perfecto, no existe. Este ha sido mi compromiso continuo a lo largo de mi vida como consejero y conferencista matrimonial dentro y fuera de Costa Rica y es la misión de LA ESCUELA PARA LA FAMILIA. Institución mediante la cual estamos ofreciendo un programa que nos enseña a ser mejores esposos, padres e hijos. Hoy compartimos la fórmula que nos ha dado resultado por casi 3 décadas y que se apoya sobre los principios eternos de la palabra de Dios. Citamos a continuación algunas de las razones que nos motivaron a estructurar este programa.

1- Creemos que si cada uno de nosotros no trata con el divorcio ahora, la próxima generación de matrimonios se perderá.

2- Creemos que si la familia va a ser, después de Dios nuestra principal prioridad, ¡tenemos que decirlo, demostrarlo y hacer que suceda!

3- Creemos que el padre debe volver a asumir su rol de líder, pastor y guardián de su casa. Tenemos que combatir lo que hoy se denomina: “El síndrome del padre ausente”.

Revista Newsweek: “Los primeros años de la adolescencia ya no son años maravillosos. Para soñar,  trabajar y enamorarse. La cuarta parte de los alumnos de secundaria fuman, beben, toman drogas, y tienen relaciones sexuales sin protección, practican una mezcla de estas cosas. El grado al que llegará la contaminación del crimen, la violencia y las drogas, podría superar fácilmente al que ya ha devastado a ciudades  estadounidenses. Mientras menos padres haya en la comunidad, más incontrolables se hace los hijos.

4- Creemos que sino construimos mejores hogares sobre el fundamento de la palabra de Dios, tendremos que construir más prisiones.

5- Creemos que si ignoramos la historia cometeremos los mismos errores. Edward Gibbon, uno de los historiadores más grandes del mundo, identificó las cinco causas principales de la caída de la civilización romana. 1- La ruptura de la estructura familiar. 2- El debilitamiento de la sensación de responsabilidad individual. 3- Impuestos excesivos y control e intervención gubernamental. 4- Búsqueda de placeres cada vez más pervertidos. 5- La caída de la religión. Las comparaciones con nuestros días no son mera casualidad, por eso decimos constantemente: Como marche la familia, así marchará la nación.

Debemos captar la visión de matrimonios a prueba de divorcio y hacer todo lo posible para que retroceda este enemigo del matrimonio así como su hermano gemelo, el divorcio emocional.

Oxigenar, vitaminar y levantar muros de protección alrededor de los matrimonios es parte de la misión de nuestra institución. Si, queremos unirnos a ti no solo para proteger de una manera activa tu matrimonio, sino también para ayudarte a que prepares a cada matrimonio que conozcas a fin de que tengan un matrimonio a prueba de divorcio. Tu matrimonio y familia son tu principal ministerio. Son la primera línea de defensa en la cual puedes tener un impacto personal. Luego la comunidad de fe será potenciada con tu liderazgo sano espiritual, físico, emocional y relacionalmente hablando.

En LA ESCUELA PARA LA FAMILIA, somos conscientes de que este siglo que tuvo avances científicos y tecnológicos impresionantes, ha sido testigo de la pérdida vertiginosa de valores humanos, éticos y morales. De todas las instituciones, la familia fue la más afectada, con el consiguiente perjuicio individual, social y nacional. La familia fue instituida antes que el Estado, la Iglesia y el Ministerio, por lo tanto, es el instrumento que fortalece y coloca los fundamentos en la sociedad.

Convenimos en que esto no es nuevo, ya que otras civilizaciones lo han sufrido a lo largo de la historia y todas desaparecieron. Sus imperios se desmoronaron e implosionaron precisamente cuando la institución social que llamamos familia se hundió. Y, quién puede negar que nuestro mundo occidental, el que se llama «cristiano» está cayendo en una descomposición interior que augura una tragedia.

No soy una persona melodramática, ni me gusta anunciar desastres, pero es fácil deducir que si como iglesia no hacemos nada, y al otro lado de la acera, el enemigo no descansa haciendo bien «su trabajo» Juan 10:10 entonces, la destrucción de la familia será un mal en aumento y sus consecuencias nos salpicarán a nosotros y a nuestros descendientes. Esta realidad nos hace a usted y a mi responsables como cristianos para legislar por su preservación y buen funcionamiento, comenzando por nuestros hogares, Josué 24:15.

Si, hoy la familia está enferma y lo reflejan los más altos índices de divorcio en la historia, procreando una generación paralítica emocionalmente hablando. Niños creciendo sin sus padres, inseguros, depresivos, experimentando soledad, rechazo, violencia, alcoholismo, drogas, delincuencia, modelos distorsionados, el combo perfecto para que la próxima generación crezca interiorizando una conducta pasivo agresiva que explotará en la cara de nuestros hijos y nietos sino hacemos algo responsable, esmerado y significativo ahora mismo para traer sanidad al corazón de la familia. Tomemos nota, el tema de la familia y sus problemas o crisis actuales merece un estudio serio para que como cristianos, sepamos a qué atenernos y cómo contribuir a su restauración.

En lo que respecta a la congregación (Iglesia). El conjunto de la comunidad fe puede aparentar normalidad sin embargo en realidad hay una atmósfera cargada de veneno en el interior. La Iglesia local es una extensión de los hogares. Lo que sea cada hogar, cada familia, cada matrimonio eso será la Iglesia.

¿Cuál es nuestra realidad?, nos seguimos conformando con la apariencia de que todo marcha bien. La estructura funciona, cada cual hace su parte en la Iglesia. Pero las divisiones, los rencores, envidias, celos, las traiciones, las infidelidades, la intolerancia, la falta de perdón, la falta de respeto, la deshonra y otros tantos anticuerpos han enfermado a la Iglesia y es el fiel reflejo de lo que las personas que la componen viven en sus hogares, porque operamos en la congregación como vivimos en la casa. De ahí que, es más importante el ejemplo que sale de los hogares, que las palabras que brotan de un púlpito. El cambio comienza en el liderazgo, Oseas 4:9. Nadie puede hacer cambios profundos en su matrimonio, sino está dispuesto a que Dios opere cambios profundos en su corazónNuestro matrimonio y  familia son un reflejo de la calidad de cristianismo que vivimos.

Si la esencia de las relaciones humanas que es el matrimonio, diseño original de Dios, no funciona como debe, entonces está fracasando la mayor parte del proyecto de Dios mismo, la presencia activa y sazonadora de la Iglesia en nuestro mundo, por esta razón hablamos incansablemente de: Familias Saludables Iglesias Poderosas. Y este fracaso no se debe a algo que Dios no haya hecho bien, sino a un descuido nuestro. Ha llegado el momento para que en vez de seguir buscando a casi cualquier costo, medios, modelos, métodos, énfasis sobredimensionados para que la Iglesia local crezca en estructura, imagen y número, hacer un alto y no seguir descuidando el matrimonio y la familia. Y fortalecida la casa, la Iglesia será sólida.

Tengamos presente que, el aumento numérico de nuestras congregaciones no significará crecimiento hasta que estas personas hayan sido cimentadas en la gracia y formadas en la verdad de la palabra de Dios, para convertirse en instrumentos de impacto en los lugares donde desempeñan sus funciones cotidianas, comenzando en sus hogares.

El descuido de parte de todos los sectores, por oxigenar  el buen funcionamiento de la familia, nos ha traído la monumental descomposición social que hoy vive el mundo entero, factura que nadie quiere recoger, pero que todos debemos pagar. No obstante, tenemos una oportunidad y obligación como iglesia de Jesucristo para escribir una nueva historia, comenzando por nuestra casa. Algo así como (operación Nehemías 4:14).

La Organización de las Naciones Unidas proclamaron en 1994 el «Año Internacional de la Familia«, con el tema «Familia, recursos y responsabilidades en un mundo en evolución». La proclamación de este año tenía como objetivo impulsar la adopción de medidas en el plano internacional con el fin de mejorar la condición de la familia,  ante la realidad del abismal dolor y desintegración que sufría y sufre ésta,  la institución más maravillosa del mundo.

La ONU. con todo y su buena gestión, no se puede preocupar más que nosotros, la Iglesia de Jesucristo. Tenemos la tarea y la urgencia de formar una nueva generación de creyentes que construyan FAMILIAS SALUDABLES, maduros en su fe, profundos en sus convicciones y fieles a su vocación de servicio en el mundo. Esta generación estará al frente de IGLESIAS PODEROSAS. Y como el sentido común nos dice que: Nadie puede hacer bien lo que ha aprendido mal, en medio del vacío existente, Saint James University presenta como una alternativa “LA ESCUELA PARA LA FAMILIA”, como base, para la puesta en marcha de un ministerio para la familia de manera sistemática y en profundidad en cada congregación de Iberoamérica y mas allá hasta donde nuestra influencia alcance.

Nosotros como Iglesia  de Jesucristo, bajo ninguna circunstancia y hoy menos que nunca rehuiremos a nuestra responsabilidad de pararnos en firme, trazar una línea y notificar a las tinieblas que  legislaremos a tiempo y fuera de tiempo por la integración familiar, que oraremos y actuaremos para levantar una COALICION INTERNACIONAL DE MATRIMONIOS A PRUEBA DE DIVORCIO, que entenderá que las palabras son documentos firmados en el mundo espiritual, que renovarán votos, afirmando que lo dicho en el altar fue en serio, esperando resultados a largo plazo.

Tomemos en cuenta que hoy, pensadores y científicos sociales han llegado a afirmar que la familia en su concepción clásica es una institución decadente a la que hay que sustituir por “otras” formas de organización.

El científico social Ferdinand Lambert dice: “La familia como una institución  está cercana al punto de la total extinción” Pero nosotros como hijos y siervos de Dios, estamos aquí de parte del cielo para decirle al mundo que hay esperanza para la Familia, porque el que la diseñó sigue sentado en su trono y que si se puede vivir felizmente casados.

Y no seremos más ocasión de burla por parte de los ateos que hoy afirman: “Los cristianos se creen que tienen el monopolio de los valores de la Familia y la moral, pero los estudios ahora prueban que ellos se divorcian mucho más que los ateos”.

Si queremos que nuestros hijos y nietos  lleguen a conocer, amar y defender lo que Dios nos dejó como un regalo del cielo y me refiero a  LA FAMILIA,  necesitamos de manera impostergable una teología que pondere la importancia de la misma.

Los tiempos han cambiado los principios no, en los primeros siglos el templo no era el centro de educativo religioso sino las casas. El hogar, sigue siendo, el centro de formación o deformación teológica. Y los hijos aprenden a amar o aborrecer el cristianismo por los modelos que vean en sus padres.

Hoy mismo, oremos y actuemos por la puesta en marcha de manera impostergable de un Ministerio para la Familia en cada iglesia local y el cielo y la sociedad nos lo agradecerán. Ahora usted puede unir sus fuerzas con Saint James University (facultad de teología) www.sjicu.org  que a través de “LA ESCUELA PARA LA FAMILIA”, está produciendo  Familias convertidas por el Espíritu Santo en instrumentos de sanidad para un mundo con dolor. No hay duda, si ponemos en práctica los principios Bíblicos, nuestro hogar será una pedazo de cielo en la tierra.

Usted es el agente de cambio, usted es el candidato de Dios y al final como triunfadores nos llevaremos al cielo como principal premio a nuestras familias. El cambio comienza con usted y conmigo, por eso le invito a repasar las palabras de un viejo maestro sobre su lecho de muerte: “Cuando era joven, me propuse cambiar el mundo. Cuando tuve más edad, me di cuenta que esto era muy ambicioso, de manera que me propuse cambiar mi condición. Esto, también, me di cuenta cuando envejecí que era muy ambicioso, de manera que me propuse cambiar mi pueblo. Cuando me di cuenta que ni esto podía hacer, traté de cambiar a mi familia. Ahora, como un viejo, se que debía haber comenzado cambiándome a mí mismo. Si hubiera comenzado conmigo mismo, quizás entonces habría logrado cambiar a mi familia, mi pueblo, mi condición y quien sabe… quizás aun el mundo»    Juan 15:5.

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